miércoles, 10 de diciembre de 2014

El Master también juega, y se sorprende, y se emociona...

Hace tanto tiempo que únicamente arbitro que mi forma de jugar está demasiado viciada hacia la visión del Master, lo que hace que muchas veces me encuentre mas bien llevando una especie de PNJ destinado a ayudar en el buen avance de la partida que mi propio PJ.
Básicamente porque es tremendamente fácil "leer" al grupo y al Master, y me sale solo el hacer lo mejor para la partida.

Si, es un error.

Una de las cosas que mas echo de menos es precisamente la ilusión y la sorpresa.
La incertidumbre. La emoción.
Algo que, curiosamente, estoy redescubriendo como Master jugando con partidas abiertas en las que el desarrollo de la partida no está predestinado, y los jugadores dirigen tanto como el propio Master, con lo cual es un viaje compartido.
No haces de guía turístico, como mucho haces de líder de la expedición. No sabes con antelación todo lo que les va a ocurrir a los PJs, lo descubres con ellos desde un balcón privilegiado.

Aunque es una forma de arbitrar muy antigua, los sistemas Powered by the Apocalypse son los mayores exponentes de esta forma de jugar.
Un ejemplo como otro cualquiera.
Dos jugadores han caído en una trampa. Una maga y un lupino encerrados en una trampa demoníaca. Una habitación inerte que impide la magia, las comunicaciones, y no se puede dañar desde dentro.
Hay mil formas de salir, claro, y lo fácil sería tirar de alguna de las múltiples deudas que cualquiera de los PJs tienen en su haber (estamos jugando Urban Shadows, un juego Powered by the Apocalypse). Curiosamente tiraron de una herramienta/mecánica que les permite generar una deuda en el momento. Y en lugar de generar una deuda con alguna de las facciones ya existentes y que están tocando las narices en la partida se sacaron de la manga un antiguo pacto con los Ángeles del mundo superior. Una facción que, de hecho, no existía en la ambientación.
Al menos no hasta ese momento.
Así que aparte de preguntar, evidentemente, por el origen de la deuda, lo siguiente que me tocó hacer fue pedirles mas datos sobre esas nuevas criaturas sobrenaturales que me acaban de incluir en la ambientación.

“Ezequiel, 25-17: El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del Valle de la Oscuridad. Porque Él es el verdadero guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquéllos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos! ”
Entiendo que muchos Masters pueden tener miedo a este tipo de maniobras por parte de los jugadores. No tener las riendas de la partida te lleva a un terreno desconocido en el cual es fácil sentirse incomodo si no estás acostumbrado a ello.
Lo entiendo porque a mi mismo me ha pasado muchas veces.

Pero también tiene muchas recompensas, la principal es recuperar la ilusión y emoción de jugar en un entorno desconocido. Y eso sin contar cosas como las ventajas que aportan saber que el grupo está jugando a algo que les interesa a todos y no solo al Master, ya que son todos los que están construyendo el mundo de juego y dirigiendo la partida, no solo una persona.


Aparca aquel Master que jugaba contra los jugadores.
No tiene ningún sentido ni emoción luchar contra alguien con una diferencia de control tan grande. El Master tiene la capacidad de acabar con cualquier PJ en cualquier momento. ¿Que gracia tiene jugar contra los demás jugadores en estas condiciones?.

Enriquece el Arbitro.
Si únicamente eres un narrador de acontecimientos, un arbitro de reglas... ¿que valor aportas a la partida?, ¿que ganas haciendo algo que se puede automatizar?, ¿no sería mejor participar en la partida?

Participa en la partida como uno mas. Juega. Emocionate. Sueña. No pierdas la ilusión.